La mosca

La mosca era consciente de su corta existencia. Se lo había advertido tienes entre 15 y 25 días para disfrutar de lo que te rodea, no más.

Empezó haciéndose preguntas ¿qué hare en 15 días? (Porque la mosca quiso ser práctica y ponerse en los peor) ¿Qué quiero conocer? (La verdad es que no conocía nada ni a nadie así que tampoco sabía qué quería hacer). De repente, mientras daba vueltas a estos pensamientos llegó a sus antenas un ritmo y una voz que decía: keep on moving, keep on moving. No sabía cómo, ni porqué pero súbitamente se dio cuenta que aquello era una canción, una canción cantada en inglés, y cayó en la cuenta de que estaba entendiendo el inglés aunque no tenía muy claro que era eso. Así que como no sabía qué hacer decidió seguir el consejo cantado y se echó a volar.

Salió de ese cuarto en el que olía a comida picante, sobrevoló algunas calles, descubrió el ruido de los coches, el ritmo frenético de los viandantes, nuevos olores… Pero no le convencía, todo aquello iba muy rápido, ella quería algo lento y suave, no quería pasar 15 días estresada.

Seguía volando con sus muchos ojos puestos en cada rincón, y de repente en medio del bullicio, cerca de un mercado descubrió un espacio con un halo de tranquilidad que le llamo la atención. Un edificio de paredes grises, con cristaleras, con muros en los que la luz entraba por rectángulos creando un ambiente especial. Decidió entrar.

Una vez dentro le sorprendió el blanco de las paredes, la tranquilidad y el silencio que reinaba, eso y que el guardia tenía cara de somnoliento y no parecía especialmente preocupado por sufrir una incidencia.

Al ver la escalera en mitad del pasillo le entró curiosidad por saber qué escondía el primer piso, así que voló hacia arriba con el presentimiento de que algo bueno le esperaba. Allí había estructuras de diferentes formas, cuadros, proyectores, piezas complejas y otras sencillas, quedó sorprendida aquello no se parecía a nada de lo que había observado en sus primeras 24 horas de vida.

Se detuvo en cada pieza, algunas se presentaban de forma clara, se notaba que expresaban rabia, desolación, temor, alegría. Otras eran más difíciles de interpretar, tuvo que leer aquellos cuadros llenos de letras casi de su tamaño para empezar a entender qué sugerían aquellas “obras de arte”. Así había escuchado que las llamaban a los visitantes.

Al llegar a la última sala de las “obras de arte” se topó con algo que le impresionó, era un cuadro en donde aparecían moscas dibujadas. Se preguntó qué habría llevado al autor a incluir moscas en una obra. ¿Por qué algo tan común merecía estar en un lugar como este? Se enfrentaba al cuadro durante todo el tiempo que le era posible, pero pronto sus alas se cansaban, notaba la fatiga y debía posarse en algún rincón para descansar. Cuando pasaban los visitantes aprovechaba para ver el cuadro posándose en sus cabezas, en sus hombros, en sus brazos. La mosca luchaba por obtener una posición privilegiada para admirar el cuadro pero esos humanos se resistían, se empeñaban en sacudirse y espantarla pero ella no desistía y seguía volviendo una y otra vez a sus cabezas, a sus hombros, a sus brazos para poder ver el cuadro durante 10 segundos más.

Así se mantuvo durante 17 días, luchando contra brazos, revistas, abanicos… y arañando segundos de visión perfecta y al final el 18 lo supo, se dio cuenta de porque en ese cuadro habitaban moscas, porque no existe animal más persistente que una mosca y entendió el título que acompañaba al lienzo: Beharren / Insistance.

Y pudo descansar tranquila porque supo que pese a que ella había molestado incansablemente a decenas de visitantes ellos no habían visto nada bueno en ella, pero un hombre de algún sitio que no conocía ni conocería había descubierto su principal virtud: la insistencia.

Imagen extraída de: altagenetics.com

 

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