Gafas y su consumo masivo

Tradicionalmente percibidas como un incordio para sus usuarios y un motivo de burla para niños crueles, las gafas han mutado en un par de décadas de elemento necesario a complemento cool para modernos y hipsters.

Personas que durante su infancia creían que llevar gafas era condenarte a vivir la vida de Manolito Gafotas y escuchar nombretes como cuatro-ojos o gafudo desean esas poquitas dioptrías que les permitirán dotarse de sofisticación y bañarse en un aire “interesante”.

Hemos pasado de vernos así

a sentirnos así

¿Qué motivos han llevado a este cambio? Si buscamos entre los referentes sociales quizá es que nos hemos dado cuenta de que muchos genios del arte y de la moda llevaban gafas y en un afán de simular a estos personajes hemos optado por plagiar lo más sencillo, sus gafas.

Andy Warhol abrió las puertas desde EEUU entre los sectores próximos al arte y la cultura.

Pablo Milanés y sus gafas fueron una imagen típica y tópica entre los jóvenes de izquierda en los países de habla castellana.

Los expertos en el mundo de la moda y la fotografía reconocerán a Richard Avedon tras esas gafas de diseño.

Quizá aquellos que consumían libros y textos escritos acabaron con gafas por el desgaste visual y el resto de la sociedad asumió que era una expresión más de las personas inteligentes y creativas. Por otra parte la industria de la moda en su política de expansión se dio cuenta de que las gafas podían volverse atractivas, una forma más de estar a la moda. Ya no era sólo cuestión de ver, sino de cómo somos vistos.

Y al final tanto ha tornado el asunto que incluso aquellos que no tienen falta de vista utilizan gafas sin graduación para poder lucir un complemento que ponga la guinda a su look. Poco importa que las gafas se empañen, que al llover se te llenen de gotitas, que en días de extremo calor la nariz te transpire y que cuando llevas 17 horas con ellas te duelan las orejas, parece que las gafas son los nuevos tacones, otros imprescindibles.

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