Fotografía y carácter

La fotografía es una de las artes visuales más atrayentes. La capacidad de congelar un instante y convertirlo en eterno seduce al ser humano. El tiempo que avanza imparable se ve vencido con esta técnica de reproducción, es la supremacía del hombre sobre la naturaleza, la única herramienta que tiene el ser humano para analizar todo aquello que hay en un escenario y pese a su captación fidedigna de los objetos es imperfecta y falaz. Al final el carácter del humano condiciona el resultado de la máquina. Al final la máquina no es nada sin el humano. El carácter creativo, la buena suerte de encontrar el segundo adecuado, una forma de mirar diferente… no es un aspecto concreto lo que define a un fotógrafo, la aportación que marca la diferencia puede tener diferentes naturalezas.

No es el dominio de la técnica o sus capacidades artísticas, aunque en ocasiones sea esto lo que lo define como tal. Un fotógrafo es aquella persona que sabe transmitir a través de una herramienta que capta lo fortuito, pero también lo es alguien que trabaja a través de lo premeditado, un medio en el que la verdad y la mentira se diluyen para generar un nuevo espacio, el instante.

Un fotógrafo puede ser un purista de la técnica, alguien capaz de dominar la luz, el espacio y la composición, un experto en generar instantes como es Eugenio Recuenco, un verdadero creador de universos. (www.eugeniorecuenco.com) Sin embargo, Martín Parr, con su fotografía imperfecta, cargada de malicia y sorna pero con una técnica imprecisa también debe ser considerado un fotógrafo, porque lo es. (www.martinparr.com) ¿Dónde reside entonces la diferencia entre una fotografía común y trivial y otra que se convierte en obra de arte? ¿En los ojos del espectador? ¿En salirse de lo común?

Algunas tribus indias americanas creían que cuando se sacaba una fotografía a alguien se le robaba el alma. Quizás no sea así exactamente. Quizás sí que se roba un alma, pero es la del que mira por el objetivo.

 

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