El disfraz

Ahora que ha pasado Halloween y que muchos se han disfrazado aprovechamos para reflexionar sobre el disfraz. Ese ejercicio que supone sumergirte en la identidad de otra persona adquiriendo nuevas libertades.

El primer paso que debemos dar es la superación del ridículo. Este aspecto no tiene que ver con la edad, está más vinculado a la personalidad de cada uno. Hay quien es capaz de ponerse una peluca fluorescente, pintarse la cara y mantener una conversación seria sobre el Euríbor, pero hay quién siente que su dignidad hace aguas cuando cambia su aspecto. Si tenemos que disfrazarnos forzosamente, mejor disfrutemos del momento y saquemos nuestro lado más salvaje.

Una vez nos despojamos de la vergüenza todo es más sencillo, comienzan las bromas, sacamos el máximo partido a nuestros personajes, los policías ponen multas, los médicos operan u ofrecen pasar consulta con tono malicioso. Es curioso, como personas que son muy correctas o estrictas en su día a día sufren un proceso de liberación una vez que se enfundan un disfraz, ya no son ellos mismos, son payasos o superhéroes y estos personajes cuentan con límites más amplios que los de un administrativo o un farmacéutico.

Esa experiencia de transformación kafkiana,- no nos referimos a disfrazarnos de cucarachas,- parece haberse puesto de moda. Hace unos años, el disfraz se reservaba sólo para carnavales, durante todo el año se esperaba a la llegada de la cabalgata anunciadora para cambiar de rol, sin embargo en la actualidad generamos nuevas excusas para disfrazarnos, creamos las fiestas temáticas de los 70, los 80…, adoptamos tradiciones de otras culturas como es Halloween e incluso acudimos disfrazados a celebraciones deportivas.

Fuente: www.lainformacion.com

Parece que cualquier excusa es buena para salir de nuestra rutina y dar rienda suelta a nuestro lado más irreverente. En las gradas de los estadios vemos gitanas, vacas, toreros… Esto nos hace pensar que quizás escogemos ser sólo algo de lo que somos, pero que en realidad nuestro interior está habitado por personajes de toda índole que de vez en cuando necesitan salir a pasaer.

Por si acaso, hoy nos Mínima nos disfrazaremos de “Juan Valdés” y homenajearemos al café con tazas y tazas para superar el lunes.

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