De lo común a lo extraordinario

Hoy una amiga del estudio reflexionaba sobre el romanticismo, cómo se experimenta y cómo se vive. Los acontecimientos que nos suceden cada día pueden ser vividos de forma ordinaria o pueden someterse a una transformación y convertirse en extraordinarios.

El día a día, la repetición de los acontecimientos desemboca en el tedio. Lo que inicialmente era percibido como novedad se convierte en rutina y deja de tener ese valor que caracteriza a lo único o a lo exclusivo. Como dicen los entendidos en marketing “el valor de la unicidad del producto”.

Pero que algo se repita día tras día no significa que no pueda volverse exclusivo. A veces pequeños cambios pueden generar grandes experiencias, y de todo tipo además.

Hay padres capaces de hacer que llevar a su hijo hasta la parada del transporte escolar se convierta en toda una aventura. Es el caso de Dale Price, que durante un año acompañó a su hijo en este trámite matinal disfrazado de algo distinto cada día.

Para el hijo, un adolescente de unos 15 años en aquel momento, quizá la experiencia fue demasiado extraordinaria o quizá no.

Convertir una lucha diaria en un divertimento, esté fue el objetivo que se marcó Heinz. Ayudar a las madres en la preparación de platos para que sus hijos coman todo tipo alimentos, y funcionó.

Existen aquellos capaces de hacer lo extraordinario aún más memorable y añaden diversión a fórmulas que parecía que no se podían modificar.

Lo mismo ocurre en un ámbito más profesional, en el cine. Los créditos cuya aparición es necesaria se convierten en algo extraordinario y adquieren personalidad propia cuando se traspasa la mera incluso de caracteres.

Hay quienes deciden convertir un proceso de venta en un pequeño show, rompen los esquemas prefijados sobre cómo deben hacerse las cosas y deciden hacerlas a su forma.

Romper lo cotidiano es sencillo, basta con darle un pequeño giro en la forma de presentarlo, acompañándolo con música o mezclándolo con un poco de locura. En definitiva se trata de disfrutar de cada experiencia como si fuese única y jamás se hubiese repetido.

Es sencillo, sólo hay que intentarlo.

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