Buen sabor de boca

Hace ya tiempo que la comida dejó de ser una mera fórmula para asegurar la supervivencia, y no hablamos de años, hablamos de siglos. La función original de la comida es mantenernos con vida, algo que no incluye gustos, sabores, texturas, olores ni nada que se le parezca, pero alguna comida debió de ser más placentera que otra y desde entonces el ser humano se ha volcado a la búsqueda del bocado perfecto y del mejor ambiente para degustarlo.

Hemos llegado a un punto en el que cada cual concibe la comida de una forma distinta. Tenemos a los amantes de las texturas, aquellos que disfrutan experimentando con superficies en sus bocas, estas personas son capaces de transformar platos sólidos en mus y en variantes infinitas sin perder su sabor. A estos señores y señoras les debemos la introducción de crocantes en ensaladas (puede ser maíz tostado, por ejemplo) y que a los profanos de la cocina se nos quede cara de sorpresa con un primer bocado.

Los innovadores, son aquellos que buscan nueva fórmulas, algo que no se haya visto y tampoco imaginado. Este perfil es experto en nuevas formas de presentación como las gelatinas de gin-tonic, las fusiones de comida (comida mediterránea preparada al estilo japonés), cambian el método de preparación. Gracias a ellos nos damos cuenta de qué poca imaginación ponemos en nuestras dietas semanales.

Los tradicionales, estos son los expertos de la recuperación. Capaces de transportarnos a la infancia con sólo un bocado. Hacen que rememoremos tiempos pasados y que además podamos compartirlo con aquellos que no los vivieron. Son los guardianes de la historia, los que nos hacen recordar el pasado para construir la cocina del futuro.

Los naturales, los subversivos, los que no se conforman con una pera que tiene aspecto de pera pero que sabe poco a pera. Ellos nos recuerdan que un tomate con sal puede ser un festival para las papilas, que a veces invertir un poco más en un producto puede marcar la diferencia en una comida, son los puristas del alimento. Se merecen un aplauso con sabor auténtico.

Y luego están esas personas que creen en el ambiente, en la iluminación, en la música, en la bebida que servirá de acompañamiento, en la comodidad de las sillas, en un mantel adecuado para cada ocasión, a ellos les debemos el lujo de la experiencia plena, del regalo visual, de la sorpresa o la risa.

A todos esos que hacen evolucionar y crecer a la cocina hay que agradecerle sus aportaciones porque nos ayudan a hacer de algo ordinario (por diario) algo extraordinario.

Imagen extraída de: fiestas.elembarazo.net

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